Un visitante contempla la pintura TENSUM de Maurizio Valch en una galería con suelos de madera, iluminada de forma focal por focos de riel modernos.
La obra TENSUM expuesta en sala. La composición en zig-zag y la polaridad entre el bloque superior oscuro y el nicho inferior claro guían la mirada del espectador.

Estudio de contexto / TENSUM

Lienzo abstracto TENSUM de Maurizio Valch expuesto en sala | Artwork Mockups

La composición de TENSUM se organiza en torno a una violenta trayectoria en zig-zag que divide la superficie del lienzo de ochenta por ciento veinte centímetros en planos alternos de tonos ocres, tierra y un azul profundo de gran densidad. Estas grandes masas cromáticas no se limitan a coexistir, sino que aparecen tajantemente delimitadas por líneas incisas muy claras que brillan como fracturas tectónicas en medio del paisaje abstracto. Este recorrido geométrico, anguloso y severo, evoca inevitablemente las ideas de G. I. Gurdjieff, un místico y filósofo que dedicó su vida a estudiar la mecanicidad del comportamiento humano y la tremenda dificultad que entraña el verdadero despertar de la conciencia. Al observar la rigidez transitable de estas líneas, cabe preguntarse si esta senda quebrada representa un laborioso ascenso consciente y voluntario o si, por el contrario, nos sitúa ante la ruta prefijada de un automatismo del que no somos capaces de escapar, planteando el dilema de si el camino estructurado es un soporte que nos sostiene o un laberinto que nos adormece mediante su implacable repetición.

Cuando arrastro la herramienta sobre la materia húmeda del lienzo, no busco trazar un dibujo ornamental, sino realizar una incisión física, un corte real que penetre profundamente en las capas superpuestas de óleo y acrílico para dejar al descubierto el estrato luminoso que se esconde debajo. Siento en el brazo la resistencia física del pigmento y la tensión de abrir esos límites en zig-zag que separan las masas densas de color; es un proceso donde el territorio de la pintura se revela rebelde y exige una fuerza precisa para ser dominado. No me interesa la complacencia del pincel blando, sino el raspado, el forcejeo con la espátula y la búsqueda de una estructura interna que sea capaz de dividir el espacio visual de la tela sin llegar a cerrarlo por completo, permitiendo que la superficie respire a través de sus heridas abiertas.

La rigidez dinámica del camino es interrumpida por la presencia de dos elementos monolíticos que desestabilizan y cargan de tensión la lectura de la obra: un bloque oscuro, pesado y de apariencia casi arquitectónica que corona la cumbre ocre en el extremo superior izquierdo, y un pequeño rectángulo de un blanco brillante que flota como un portal luminoso en el plano azul oscuro del extremo inferior derecho. Esta polaridad espacial invita a convocar el pensamiento de Carl Gustav Jung, el pionero de la psicología analítica que desentrañó las complejas dinámicas de tensión entre la luz de la conciencia y la profunda oscuridad de las aguas del inconsciente. TENSUM nos propone una geografía paradójica en clave junguiana, pues la Sombra se yergue sólida, visible y monumental en la cima iluminada, mientras que el Sí-mismo, representado por ese reducto luminoso y radiante, se encuentra sumergido en la base del descenso, obligándonos a sostener una constante tensión de opuestos donde el santuario y la amenaza no se anulan, sino que se necesitan mutuamente.

Hay una atmósfera de silencio denso y melancolía contenida en toda la superficie que me conecta de inmediato con la memoria de mis propios tránsitos por la geografía mediterránea. El tono ocre sucio del cielo que corona el lienzo evoca esa luz pesada y polvorienta de la calima, una sequedad ambiental que pertenece a los horizontes andaluces que llevo grabados en el cuerpo. Estos bloques y senderos que coloco en el espacio pictórico no pretenden ilustrar ningún paraje real ni ser la crónica de un viaje concreto, sino que son el residuo de haber caminado por tierras antiguas donde las ruinas y el suelo mineral terminan fundiéndose en una sola cosa. Para mí, pintar es el único medio que tengo para sostener esa distancia temporal y física, un lugar donde el tránsito y la quietud de la memoria pueden coexistir sin necesidad de resolverse o de llegar a un destino definitivo.

Al contemplar la superficie total de TENSUM, la mirada queda suspendida en el espacio intermedio que media entre la agitación del camino quebrado y la imperturbable quietud de los bloques monolíticos. La obra no se resuelve en una única respuesta, dejándonos ante la duda de si este territorio representa un confinamiento inevitable dentro de los límites de la materia o un espacio de tránsito que alberga la promesa de una liberación posterior. Al final, toda especulación teórica se repliega ante la contundente realidad física de la pintura: la vibración óptica que se produce en el encuentro del azul con el ocre, las sutiles irregularidades de la textura acumulada y esa delgada línea incisa que, antes de ser un concepto o un símbolo, es una cicatriz real sobre la tela que detiene nuestra mirada justo en el límite de lo visible.

Obra original
TENSUM
Medidas reales
31.5 × 47.2 in / 80 × 120 cm
Presentación
Visualización contextual digital

Referencias de contexto

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Sobre esta visualización

Esta visualización sitúa la obra dentro de un contexto arquitectónico para ayudar a coleccionistas y público a imaginar su presencia en un espacio real. Es una referencia interpretativa, no una reproducción exacta: la obra original es la única autoridad sobre la escala, el color, la superficie y la presencia material.