Pintura abstracta vertical QUIES de Maurizio Valch instalada en una pared blanca de galería, con bandas oscuras, verdes, ocres y líneas claras irregulares.
QUIES, de Maurizio Valch, en una presentación de galería que destaca su composición vertical y estratificada.

Estudio de contexto / QUIES

QUIES — Maurizio Valch | Pintura abstracta STRATA

La composición se sostiene en vertical como una acumulación de terrenos que han sido comprimidos unos contra otros. Arriba, una oscuridad densa, casi mineral, recibe veladuras rojizas, violetas y azuladas que no alcanzan a disiparla; quedan suspendidas en ella como restos de luz retenida bajo una capa de hollín. Debajo, las franjas se abren en extensiones verdosas, ocres y terrosas, apagadas por una materia que parece haber sido extendida, retirada y vuelta a cubrir. Hacia el centro inferior aparece una zona clara, velada, de una palidez que no ilumina del todo, antes de que las masas oscuras de la base devuelvan el cuadro a un peso más cerrado. Entre estos campos no hay divisiones limpias: hay marcas incisas, bordes trabajados, cortes de pintura y líneas claras, irregulares, que recorren horizontalmente la superficie como si cada estrato hubiera conservado una costura expuesta. Dos rectángulos interrumpen esta continuidad: uno pequeño y claro, desplazado hacia la derecha en la franja superior; otro verde oscuro, más bajo y hacia la izquierda, fijado contra una zona pálida. Su aislamiento importa más que su posible identidad. No describen un lugar reconocible; alteran la escala de las bandas y hacen que el espacio, hasta entonces extendido, empiece a medir distancias. QUIES: ¿qué clase de reposo es este, si cada límite parece conservar la memoria de una fricción?

Trabajo dejando que la superficie se construya despacio, sin decidir demasiado pronto qué debe ser cada zona. Aplico una capa, la cubro, la reduzco, la presiono; a veces vuelvo sobre ella con una veladura y a veces necesito cortar o incidir el borde para que no quede como una transición cómoda. No busco una geografía, aunque sé que ciertos colores y ciertas extensiones pueden hacer pensar en suelo, lejanía o clima. Me interesa más el momento en que una pintura empieza a organizarse como un territorio sin llegar a convertirse en paisaje. Una línea puede aparecer porque dos masas no consiguen convivir del todo, pero tampoco quiero que esa línea las clausure: necesito que se mantenga inestable, que parezca una separación y, al mismo tiempo, una zona donde algo todavía pasa. Los dos rectángulos no llegaron para explicar nada. Los vi como presencias necesarias dentro de una extensión demasiado continua, pequeñas resistencias a la uniformidad. No sé si delimitan, si señalan o si simplemente pesan de otra manera. Al mirarlos, descubro que la quietud quizá no consiste en inmovilizar la materia, sino en dejar visibles las presiones que la han detenido.

Las franjas podrían leerse como una excavación histórica y también como una excavación del hábito. G. I. Gurdjieff, pensador atento a la mecanicidad de la vida humana y a la posibilidad de una atención más despierta, permitiría preguntar si estas divisiones horizontales registran gestos repetidos hasta perder su origen: una línea trazada para orientar el paso, una franja separada para contener algo, un borde mantenido porque ya estaba allí antes de que alguien pudiera explicar su necesidad. La pintura no ilustra una civilización temprana, pero deja que aparezca una condición anterior a la ley estable: el surco aún no es parcela, la demarcación aún no es frontera administrativa, el recinto aún no es arquitectura. Las marcas incisas poseen algo de esa precariedad. Parecen haber sido hechas para impedir que las superficies se vuelvan indiferentes entre sí, para obligarlas a reconocer una diferencia de temperatura, de densidad o de uso. Sin embargo, la pequeña forma clara y el bloque verde no obedecen por completo a la disciplina de las bandas. Están dentro del orden, pero se mantienen oblicuos respecto de él; introducen la posibilidad de una vida mínima que no coincide con la repetición general. Una frontera podría proteger esa vida, adormecerla, orientarla o separarla demasiado. En QUIES no hay respuesta: sólo la persistencia de una estructura que parece anterior a quienes podrían habitarla y, al mismo tiempo, dependiente de una atención que todavía no ha llegado.

No veo aquí una sociedad, una ruina ni un mapa, aunque entiendo que la pintura pueda acercarse a esas ideas. Cuando la miro desde lejos, veo primero el peso de la parte superior y el peso de la parte baja, y entre ambos una extensión que no quiere ser vacío absoluto. La zona clara necesitaba respirar, pero no podía volverse ligera; por eso la trabajé hasta que conservara algo de opacidad, algo de resistencia. El bloque verde apareció como una interrupción más compacta, una presencia que concentraba la mirada sin reclamar el centro. La forma clara de arriba llegó de otra manera: más distante, casi retenida por la oscuridad que la rodea. No quise equilibrarlas como signos equivalentes. Me interesaba que quedaran separadas, que cada una hiciera sentir la distancia de la otra. La quietud, para mí, no es paz ni silencio limpio. Es una materia que contiene movimientos suspendidos: capas que se han detenido sin dejar de empujar, bordes que parecen estables pero siguen tensos, color que permanece donde fue depositado y, sin embargo, continúa modificando lo que tiene al lado. Pinto para que esa tensión no desaparezca detrás de una imagen demasiado reconocible.

Al volver a las líneas que separan las capas, resulta difícil fijar su condición: pueden recordar cicatrices, costas, fallas, hilos tensados, antiguas demarcaciones o, con igual insistencia, simples incisiones materiales que han abierto la pintura desde dentro. Su fuerza está en no permitir que una lectura se vuelva definitiva. Cada borde organiza el campo, pero también revela que toda organización depende de una interrupción: algo debe cortarse, desplazarse o desgastarse para que la continuidad adquiera espesor. Carl Gustav Jung, psiquiatra que estudió las imágenes recurrentes y las estructuras profundas de la psique, podría llevar a buscar un centro oculto, una forma concentradora capaz de ordenar las zonas dispersas. Pero la pintura se resiste a ofrecerlo. Tal vez su centro no sea el rectángulo oscuro ni la pequeña claridad superior, sino el intervalo entre masas: esa región donde nada termina de ocurrir, aunque todo queda dispuesto, medido y retenido. Allí la superficie parece descansar sin entregarse; allí las divisiones dejan de ser solamente límites y se convierten en condiciones de atención. QUIES permanece como una quietud donde nada parece avanzar, pero donde ningún límite está completamente en reposo.

Obra original
QUIES
Medidas reales
31.5 × 47.2 in / 80 × 120 cm
Presentación
Visualización contextual digital

Referencias de contexto

QUIES Maurizio Valch · pintura abstracta STRATA Maurizio Valch · pintura abstracta vertical con estratos · arte abstracto con líneas incisas · pintura matérica en tonos tierra y verde · pintura abstracta en galería de arte · cuadro abstracto vertical para pared blanca · arte contemporáneo abstracto de formato vertical

Sobre esta visualización

Esta visualización sitúa la obra dentro de un contexto arquitectónico para ayudar a coleccionistas y público a imaginar su presencia en un espacio real. Es una referencia interpretativa, no una reproducción exacta: la obra original es la única autoridad sobre la escala, el color, la superficie y la presencia material.