Pintura abstracta monumental HAUSTUS de Maurizio Valch, con una densa espiral turquesa sobre fondo rojo, colgada sobre una cama en un dormitorio de hormigón visto.
HAUSTUS (210 x 210 cm), de la serie VORTEX de Maurizio Valch. Enmarcada en un dormitorio brutalista, su espiral matérica rompe la rigidez lineal de los paneles de hormigón.

Estudio de contexto / HAUSTUS

HAUSTUS de Maurizio Valch - Cuadro en Dormitorio Brutalista

Al enfrentarnos a la imponente superficie de HAUSTUS, lo primero que detiene la mirada es un torbellino de azul turquesa de una densidad casi geológica, que se despliega como una espiral descentrada sobre un fondo convulso de rojos encendidos, óxidos y pardos profundos. Esta fuerza centrífuga no busca la armonía ni el reposo; al contrario, introduce una tensión formal que desafía la quietud del soporte cuadrado de dos metros por lado. Si contemplamos este giro desde la perspectiva de Carl Gustav Jung, cuyo estudio de los mandalas como representaciones arquetípicas del orden interno y la centralización psíquica revolucionó la comprensión de la iconografía concéntrica, percibimos aquí una violenta transgresión de ese equilibrio protector. El trazo de Valch no unifica ni pacifica el caos circundante, sino que parece agrietar la superficie pictórica con una asimetría salvaje. Esta dinámica concéntrica, lejos de ser un refugio de integración espiritual, evoca la implacable mecanicidad del hombre dormido teorizada por George Gurdjieff, quien sostenía que la consciencia humana ordinaria está atrapada en una repetición automatizada e inconsciente. La espiral de HAUSTUS se presenta así como una paradoja visual: un intento desesperado de la consciencia por despertar mediante la fricción o una constatación cromática del bucle mecánico del que no podemos escapar.

Cuando me enfrento a un formato de estas dimensiones, no busco ilustrar una idea, sino desatar una fuerza física a través de la acumulación implacable de capas de acrílico y óleo. Con el peso del cuerpo volcado sobre la tela, arrastro la espátula cargada de materia para abrir esa gran incisión circular, una zanja real en el tejido pictórico que se resiste a ser un simple dibujo plano. En ese proceso de arrastre, el color se desplaza y se acumula en los bordes como tierra removida, revelando la resistencia del soporte. Mientras ejecuto este movimiento circular, a menudo me asalta la duda de si este torbellino turquesa está actuando como un sumidero que absorbe el espacio exterior y lo traga hacia el vacío de su centro, o si, por el contrario, funciona como una válvula de escape diseñada para expulsar la energía volcánica y magmática que late contenida en ese fondo carmesí. Es una lucha física contra la inercia del pigmento, donde cada giro es un intento de encontrar una grieta en la solidez del color para que la pintura empiece a respirar por sí misma.

La escala monumental de la pieza, que se expande en un formato estrictamente cuadrangular de 210 x 210 centímetros, intensifica la cualidad física de su título, HAUSTUS, un término latino que remite al acto primitivo de extraer agua, beber a grandes tragos, aspirar el aire o ser inevitablemente tragado por una fuerza superior. Este bautismo de materia nos conecta con la memoria más profunda del territorio europeo y mediterráneo, donde la espiral no surge como un ejercicio decorativo o abstracto, sino como la primera marca que el ser humano grabó sobre las piedras y en la oscuridad de las cuevas paleolíticas y neolíticas. Al observar este trazo ancestral, resulta fecundo recurrir a la visión de Osho, cuyo pensamiento cuestiona la rigidez de las estructuras sociales y los ritos institucionalizados que históricamente han domesticado la fuerza vital para someterla al control colectivo. Desde esta perspectiva, cabe preguntarse si el vórtice de HAUSTUS actúa como un canalizador de esa energía domesticada y pautada, o si es la representación de una pulsión salvaje y caótica que se rebela con violencia contra cualquier intento de ordenamiento social y domesticación conceptual, reclamando su derecho a fluir de manera indómita sobre la superficie rugosa de la existencia.

Para mí, HAUSTUS es un retorno directo a la fisicidad de mi propia memoria mediterránea, un paisaje donde la sequedad de la tierra andaluza impone una búsqueda constante de lo que permanece oculto bajo el polvo. Pintar este cuadro fue como excavar la superficie reseca del campo, arañar la costra caliza buscando un hilo de agua o una bocanada de aire fresco en medio del rigor del verano. El color turquesa no irrumpe aquí con una intención ornamental, sino como una necesidad orgánica de supervivencia, una corriente húmeda, densa y fría que choca violentamente contra el calor sofocante de los óxidos y los rojos acumulados en mi memoria visual de la costa. Cada trazo circular es un trago de esa humedad recobrada, un intento de asimilar la frescura del mar y el viento de levante en un entorno de tierra quemada. Es la plasmación de ese contraste extremo entre la aridez de la arcilla expuesta al sol y la fluidez del agua que horada la piedra, un choque térmico y material que define mi relación con el entorno y que busco fijar de manera definitiva sobre el lienzo.

Al apartar la mirada de la fuerza centrípeta del núcleo turquesa y dirigirla hacia los bordes extremos del lienzo, observamos cómo la rigidez de la espiral comienza a desmoronarse y a perder su definición lineal. Allí, en los márgenes de la tela, el color se fragmenta, los tonos terrosos ganan terreno y las capas subyacentes de óleo y acrílico se revelan en toda su imperfección material, mostrando las costuras del proceso creativo. La pintura renuncia en sus límites a ofrecer un refugio místico de salvación o un mapa definitivo para el ordenamiento del caos mental. En lugar de proporcionar respuestas cerradas, HAUSTUS se consolida como un territorio en rotación perpetua donde la memoria y la materia se desgastan mutuamente sin descanso. La obra nos deja suspendidos en esa zona de fricción donde el agua y la tierra chocan, recordándonos que el verdadero despertar no consiste en alcanzar un centro inmutable, sino en sostener la mirada ante el desgaste continuo de las fuerzas que nos constituyen.

Obra original
HAUSTUS
Medidas reales
82.7 × 82.7 in / 210 × 210 cm
Presentación
Visualización contextual digital

Referencias de contexto

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Sobre esta visualización

Esta visualización sitúa la obra dentro de un contexto arquitectónico para ayudar a coleccionistas y público a imaginar su presencia en un espacio real. Es una referencia interpretativa, no una reproducción exacta: la obra original es la única autoridad sobre la escala, el color, la superficie y la presencia material.