Estudio de contexto / ASCENSUS
Primer Plano de Texturas y Relieves en ASCENSUS | Maurizio Valch
Contemplar "ASCENSUS" es ingresar en un régimen de fuerzas estrictamente verticales, donde la gravedad y la elevación se disputan el dominio de una superficie de color verde oliva profundo y denso. En la base del lienzo, un bloque oscuro, de un negro denso atravesado por sutiles destellos de azul índigo, se asienta pesadamente, reclamando la inercia de la materia más terrestre. En oposición, suspendido sobre una línea negra extremadamente delgada que actúa como un horizonte de fragilidad absoluta, emerge un gran bloque rectangular de un rojo carmesí encendido. Ante esta disposición, resulta inevitable convocar las ideas de Gaston Bachelard (filósofo francés que exploró la poética del espacio y cómo la psique habita las alturas y los sótanos), cuyo análisis de la verticalidad nos invita a preguntarnos si esta composición actúa como un verdadero axis mundi que comunica el submundo con el cielo, o si, por el contrario, materializa una frontera insalvable donde la materia ha quedado definitivamente fracturada en dos estados incompatibles que solo logran coexistir mediante la mediación de un abismo silencioso.
Al enfrentarme al lienzo para dar vida a este "ascenso", mi obsesión principal no fue representar un camino, sino construir físicamente la tensión de su recorrido. Elegí ese verde oliva vibrante y espeso para que funcionara como un silencio absoluto, una atmósfera que inunda todo el espacio pictórico y presiona las formas desde los costados. Cuando tracé la incisión de la línea horizontal negra, no busqué dividir el paisaje en dos mitades simétricas, sino fundar un umbral de soporte mínimo, una cuerda floja sobre la cual la materia pudiera sostenerse en vilo. Necesitaba que el bloque de color carmesí poseyera una presencia táctil y casi heráldica, un grosor de óleo que demandara su propio espacio tridimensional para contrarrestar la fuerza descendente y plúmbea del bloque inferior. No es una elevación mística sin esfuerzo; es una conquista puramente física, donde cada rastro de espátula delata el esfuerzo del color por no ser devorado por la densidad del fondo.
Esta pugna de texturas abre una fisura de gran calado psicológico en torno a la fricción entre el despertar interior y la rigidez de las estructuras que intentan contenerlo. Desde una perspectiva analítica, si recurrimos al marco propuesto por Carl Gustav Jung (psiquiatra suizo que cartografió el viaje de individuación y la integración de los arquetipos), el bloque oscuro inferior podría interpretarse como la Sombra o el inconsciente primigenio, ese depósito de impulsos no integrados que yace en la base del ser, mientras que el monolito rojo superior se erigiría como el Sí-mismo unificado que ha logrado alzarse con soberanía. Sin embargo, esta lectura luminosa debe ser confrontada de inmediato con la sospecha que sembró George Gurdjieff (místico armenio que denunció el automatismo humano y el sueño de la consciencia). Cabe preguntarse si ese bloque carmesí superior representa verdaderamente un estado de "recuerdo de sí" y una consciencia plenamente despierta, o si es, en realidad, otra estructura rígida, monumental e ilusoria construida por el propio hombre dormido para autoconvencerse de su pretendida elevación espiritual, un ídolo de piedra roja que oculta el mismo letargo mecánico bajo una apariencia de orden y triunfo geométrico.
Al trabajar en la estructura del cuadro, mi mente no dejaba de regresar a las formas rudas y silenciosas del Mediterráneo antiguo, a esos dólmenes, atalayas y monolitos de piedra reseca que resisten el paso de los siglos bajo un sol inclemente. Hay un profundo vértigo que me asalta al pintar la elevación pura: alzar una forma sobre un plano despojado significa dejarla desprotegida, expuesta al vacío absoluto de ese fondo verde que parece esperar el menor titubeo para tragarla. Es por eso que introduje esos dos pequeños fragmentos rojos que flanquean el bloque principal. No sé con certeza si representan los restos de un andamiaje que ya ha caído tras consumarse la obra, si actúan como pequeños vigías que custodyan la soledad del gran bloque, o si, de manera más inquietante, marcan el inicio de una inevitable desintegración de la estructura central, recordándonos que todo intento de monumentalidad lleva en sí la semilla de su propia dispersión.
Para desentrañar esta ambivalencia de la forma, resulta revelador cruzar la mirada con el pensamiento de Osho (filósofo y místico indio que defendía la libertad del ser frente a los moldes institucionales), prestando especial atención a la naturaleza de ese color rojo que palpita en la pintura. El carmesí es la energía vital por excelencia, el deseo indómito y la corriente existencial que busca expandirse sin límites; no obstante, aquí aparece constreñido dentro de los límites estrictos de un rectángulo geométrico. Esta paradoja nos sitúa ante la gran interrogante que "ASCENSUS" deja sin resolver: ¿es este lienzo la representación de una verdadera vía de escape, una grieta por la que la fuerza vital logra finalmente liberarse de la inercia terrestre, o estamos presenciando el registro visual de una tensión eterna e irresoluble entre el impulso indomable que empuja hacia arriba y la estructura geométrica que, al intentar darle forma, termina por encerrarlo en su propia prisión?
- Obra original
- ASCENSUS
- Medidas reales
- 31.5 × 47.2 in / 80 × 120 cm
- Presentación
- Visualización contextual digital
Referencias de contexto
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Sobre esta visualización
Esta visualización sitúa la obra dentro de un contexto arquitectónico para ayudar a coleccionistas y público a imaginar su presencia en un espacio real. Es una referencia interpretativa, no una reproducción exacta: la obra original es la única autoridad sobre la escala, el color, la superficie y la presencia material.