Notas de estudio
La piel del territorio
La serie STRATA de Maurizio Valch explora el territorio como una superficie viva, una piel que conserva las marcas de la memoria y la transformación. A través de incisiones y bloques, la pintura fusiona la experiencia individual con las estructuras colectivas, invitando a una reflexión sobre la consciencia y la responsabilidad.
Memoria, incisión y materia en la serie STRATA
En la serie STRATA, el territorio deja de presentarse como un escenario distante y comienza a comportarse como una superficie viva. La pintura se vuelve piel, archivo y campo de presión: conserva lo que la ha atravesado, muestra sus cortes y obliga a mirar aquello que permanece debajo de la apariencia de estabilidad.

Obra de la serie STRATA. Vista de conjunto en espacio arquitectónico.
El territorio como superficie
En las series anteriores de Maurizio Valch, el territorio había aparecido como sueño, origen, horizonte, aparición y umbral. En la serie STRATA, ese recorrido se concentra. El paisaje ya no se contempla desde fuera: se aproxima al cuerpo y adquiere una condición táctil. Las capas cromáticas pueden recordar tierras comprimidas, muros erosionados o cueros extendidos. Sin embargo, ninguna de estas asociaciones agota la obra. El territorio funciona simultáneamente como materia exterior, memoria humana y estructura social.
Esta doble condición permite que la serie STRATA evite la oposición entre mundo interior y mundo exterior. Lo que ocurre dentro del individuo está formado por lenguajes, creencias, experiencias y conflictos compartidos. A su vez, toda transformación interior modifica la manera de responder ante los otros. La superficie pictórica se convierte así en el lugar donde ambas dimensiones dejan de estar separadas.
Los grandes campos rojos, negros y oscuros no construyen un fondo pasivo. Contienen movimientos, restos de capas anteriores, zonas borradas y variaciones de densidad. Bajo una aparente unidad cromática, la materia conserva diferencias. La pintura no oculta su proceso: lo sedimenta.

Detalle de borde, líneas e incisiones en la superficie roja.
La incisión como memoria
Las líneas que recorren las obras de la serie STRATA no se comportan como contornos tradicionales. No describen objetos ni organizan una perspectiva estable. Cruzan la superficie, cambian de dirección, se superponen y, en ocasiones, continúan sobre los bordes. Son trazos que alteran físicamente la continuidad del campo pictórico.
La incisión puede entenderse como una forma de memoria. No porque cada línea corresponda a un recuerdo identificable, sino porque introduce una marca que ya no puede separarse completamente del soporte. La memoria no se añade a una superficie intacta: la modifica. Puede abrir un trayecto, crear una fractura o dejar una señal mínima cuya causa ya no resulta visible.
En este sentido, las líneas también se aproximan a la idea de mapa. Pero no se trata de mapas destinados a orientar al espectador hacia un lugar preciso. Registran recorridos incompletos, desvíos, cruces y límites. Son cartografías de una experiencia que no puede reconstruirse de manera lineal.
La memoria individual comparte esta condición con la memoria colectiva. Las sociedades conservan marcas incluso cuando intentan ocultarlas, simplificarlas o sustituirlas por un relato uniforme. Las heridas históricas no desaparecen al dejar de nombrarse. Permanecen en las estructuras, en los hábitos y en las divisiones que organizan la vida común.

Materia, relieve y líneas superpuestas en la serie STRATA.
Bloques, creencias y resistencia
Junto a las incisiones aparecen bloques y formas rectangulares. Su presencia es contenida, pero altera la distribución de todo el espacio. Pueden sugerir restos arquitectónicos, monolitos o cuerpos endurecidos. Dentro del lenguaje de la serie STRATA, también pueden leerse como estructuras de pensamiento: convicciones, creencias o formas heredadas que han adquirido peso y resistencia.
Una creencia no tiene que ser religiosa ni racional para endurecerse. Puede ser una idea sobre la identidad, el éxito, la pertenencia, el poder o el lugar que corresponde a cada persona. Cuando deja de ser examinada, se convierte en una estructura que organiza el territorio desde dentro. Los bloques de la serie no ilustran una creencia específica; hacen visible su condición material, su capacidad de ocupar espacio y ejercer presión.
El problema no reside simplemente en destruir esas estructuras. Algunas sostienen, otras protegen y otras permiten construir una continuidad. La consciencia comienza al distinguir cuáles siguen siendo necesarias y cuáles se han convertido en obstáculos. Esta discriminación exige una capacidad de responder que no puede ser delegada en el pensamiento colectivo.

Bloques, horizontes y estratos: estructuras que presionan sobre el territorio.
Una piel que no oculta sus cortes
La comparación entre territorio y piel resulta especialmente significativa en la serie STRATA. La piel no es solamente una frontera. Es una superficie de contacto: recibe el mundo, regula la distancia y conserva señales del tiempo. Puede proteger, pero también puede ser atravesada.
En estas obras, la pintura se aproxima a una piel curtida y extendida. Los colores oscuros, los relieves, los rastros de arrastre y las líneas tensas producen una superficie que parece haber soportado presión. No representa literalmente un cuerpo humano, pero introduce una corporalidad difícil de ignorar.
Esta condición impide contemplar el territorio como algo neutral. Todo territorio ha sido usado, dividido, nombrado y disputado. Todo cuerpo ha sido también interpretado por fuerzas externas. La serie STRATA reúne ambas realidades sin convertirlas en una equivalencia cerrada: la tierra puede parecer cuerpo y el cuerpo puede contener su propia geología.
Consciencia y responsabilidad
La serie STRATA no presenta la consciencia como una elevación pura ni como una separación del mundo. La sitúa dentro de las capas que han formado al individuo. Ser consciente implica reconocer aquello que ha sido heredado, aquello que ha dejado marcas y aquello que continúa actuando desde zonas no examinadas.
Ese reconocimiento tiene una consecuencia exterior. Salirse de una corriente de pensamiento colectivo no significa aislarse de la sociedad, sino relacionarse con ella de manera menos automática. La libertad no consiste únicamente en elegir, sino en comprender desde qué estratos se está eligiendo y asumir la responsabilidad de la respuesta.
Por eso, las fracturas de la serie STRATA no deben entenderse solo como daño. También pueden abrir una posibilidad. Una superficie completamente cerrada no permite ver sus capas. La incisión interrumpe la continuidad, pero al hacerlo revela que el territorio podría organizarse de otra manera.
En la serie STRATA, la materia no ilustra una idea: piensa a través de sus cortes, espesores y resistencias. El territorio se convierte en una piel donde lo personal y lo colectivo dejan huellas. Allí, la consciencia no borra los estratos anteriores. Aprende a reconocerlos, atravesarlos y responder desde ellos sin quedar completamente determinada por su peso.