Notas de estudio
El ascenso sin escalera
Este artículo analiza la evolución del concepto de 'ascenso' en la obra de Maurizio Valch. Inicialmente visible como una escalera en series tempranas como MARE SOMNIORUM, la idea de ascenso se transforma en una tensión estructural dentro del territorio pictórico en la serie STRATA. Este cambio subraya el esfuerzo, la consciencia y la decisión de cuestionar lo heredado.
Consciencia, esfuerzo y transformación en las Series
En el recorrido de las series de Maurizio Valch, el ascenso no funciona como una promesa decorativa ni como una simple señal espiritual. Es una forma de esfuerzo. Es el movimiento por el cual una consciencia intenta desprenderse de lo heredado, asumir una posición propia y responder de otro modo frente al mundo. En las series tempranas, ese movimiento aparece de manera visible: una escalera recorre el territorio y señala una dirección. Más adelante, en la serie STRATA, la escalera desaparece. Sin embargo, el ascenso no se extingue. Se vuelve más exigente. Deja de ser símbolo representado y pasa a convertirse en una tensión interna del territorio.
La obra LUX REMOTA, perteneciente a la serie MARE SOMNIORUM, permite reconocer con claridad este primer momento. Allí la escalera es una figura precisa, pequeña y solitaria. No conduce hacia una escena de plenitud ni hacia una salida evidente; conduce hacia una zona de tránsito, hacia una franja intermedia del paisaje, hacia una región donde todavía conviven misterio, distancia y luz remota. La escalera no resuelve el sentido de la obra. Lo que hace es introducir una dirección: subir supone abandonar un nivel anterior.
En este contexto, el ascenso no debe entenderse únicamente como una operación interior. La escalera aparece como una imagen de consciencia, pero también de responsabilidad. Nadie puede subir por otro. Nadie puede revisar en lugar de otro las ideas que ha heredado, los marcos que ha recibido o las creencias que repite sin examinarlas. El ascenso es solitario, aunque sus consecuencias no lo sean. Aquello que una persona revisa en su interior termina afectando su manera de hablar, de actuar, de vincularse y de participar en la vida colectiva.
Por eso la escalera de las series tempranas posee una dimensión humana más amplia. No representa solamente una búsqueda privada. También sugiere la capacidad de interrumpir el pensamiento colectivo cuando este se ha endurecido hasta volverse incuestionable. Subir es salir de la corriente automática. Es tomar distancia respecto de aquello que se acepta por costumbre. Es empezar a ver el territorio desde otra altura, aun sabiendo que no existe ningún punto de vista definitivo.
Figura 1. LUX REMOTA, serie MARE SOMNIORUM. Obra con escalera visible y territorio de ascenso.
Esta idea atraviesa, con distintas variaciones, la serie MARE SOMNIORUM, la serie PRIMORDIUM, la serie EMERSIO y la serie LIMINA. A veces la escalera aparece de manera explícita; otras veces se integra con mayor discreción en la arquitectura o en el campo pictórico. Pero en todos los casos señala que la transformación requiere desplazamiento. No basta con habitar un territorio: es necesario atravesarlo. No basta con percibir una estructura: hay que medir la resistencia que ofrece y decidir cómo relacionarse con ella.
En la serie STRATA ocurre un cambio decisivo. La escalera desaparece como forma visible, pero la experiencia del ascenso permanece. Ya no está planteada mediante un elemento que pueda identificarse de inmediato. Ahora el ascenso se incorpora a la composición misma: líneas que suben, tensiones oblicuas, bloques que parecen sostener o interrumpir el paso, campos cromáticos sometidos a presión, superficies que exigen una lectura más lenta. El esfuerzo ya no está indicado por un signo; está distribuido en toda la materia.
Esta transformación vuelve más compleja la lectura. Si en las series anteriores la escalera ofrecía una imagen del tránsito, en la serie STRATA el tránsito se vuelve condición del propio territorio. El espectador ya no encuentra un instrumento para subir: encuentra un campo de fuerzas. El ascenso deja de parecer una decisión aislada y se presenta como una negociación continua con capas, límites, cortes y pendientes. La consciencia no avanza fuera del conflicto, sino a través de él.
Esa es una de las razones por las que la serie STRATA adquiere una resonancia más amplia respecto de la condición humana. En ella, el territorio puede entenderse como memoria, como estrato social, como experiencia acumulada o como cuerpo atravesado por marcas. Nada aparece puro. Todo se encuentra sedimentado. Ascender, en este contexto, ya no significa escapar de la materia, sino trabajar dentro de ella: distinguir las capas que nos forman, reconocer las presiones que nos condicionan y sostener la posibilidad de una respuesta propia sin negar la complejidad de aquello que se ha heredado.

Figura 2. Serie STRATA. La escalera desaparece y el ascenso queda incorporado en la inclinación del territorio.
Desde esta perspectiva, el recorrido entre las series describe una transformación relevante. Primero, el ascenso aparece como figura visible y orientadora. Después, se vuelve una tensión menos evidente, más íntima y más estructural. La imagen exterior se retrae, pero la exigencia aumenta. La serie STRATA no abandona la idea de elevación; la radicaliza. El camino deja de estar dibujado. El territorio mismo se convierte en la cuesta.
En ese desplazamiento reside uno de los mensajes más intensos de la obra de Maurizio Valch. La consciencia no se alcanza por mera inspiración, ni por adhesión a fórmulas heredadas, ni por repetición de lenguajes colectivos. Requiere esfuerzo, fricción y una decisión persistente de no permanecer donde ya todo ha sido pensado por otros. Las series lo muestran de distintas maneras, pero convergen en una misma intuición: toda transformación auténtica exige asumir la dificultad del ascenso, incluso cuando la escalera ya no está a la vista.
Contexto y estudios