Notas de estudio
Cuando apareció el suelo
Las series de Maurizio Valch exploran el territorio como condición originaria (PRIMORDIUM), espacio de aparición (EMERSIO) y umbral de transformación (LIMINA). La pintura aborda cómo la consciencia y las sociedades asumen un lugar, emergen y atraviesan periodos de indeterminación.
El nacimiento del territorio en las series
En el recorrido de las series de Maurizio Valch hay un momento en que el espacio deja de ser únicamente suspensión, sueño o distancia. Aparece el suelo. No como un paisaje reconocible ni como una geografía concreta, sino como una estructura capaz de sostener, separar y ordenar.
Ese cambio no elimina lo anterior. El sueño permanece, pero comienza a adquirir peso. La luz sigue siendo incierta, aunque ahora cae sobre superficies más definidas. Las formas dejan de flotar y empiezan a ocupar una posición. Surge entonces una pregunta que atraviesa estas series: qué ocurre cuando la consciencia ya no puede permanecer suspendida y debe asumir un lugar.
En la serie PRIMORDIUM, el territorio aparece como una condición originaria. No es todavía un espacio humano en sentido pleno, pero ya contiene la posibilidad de ser habitado. Los campos cromáticos, las grandes construcciones y las divisiones espaciales sugieren un mundo anterior a toda explicación, un suelo primario sobre el que algo comienza a organizarse.

Obra de la serie PRIMORDIUM. Maurizio Valch.
En esta obra, la perspectiva conduce la mirada entre grandes formas verticales. Las estructuras parecen edificios, murallas o cuerpos minerales, aunque ninguna interpretación logra fijarlas por completo. A un lado, una esfera introduce una presencia silenciosa. A lo largo del recorrido aparecen pequeñas escaleras, casi absorbidas por la arquitectura.
La serie PRIMORDIUM no representa el origen como un instante puro o intacto. El origen ya contiene divisiones, diferencias de escala, obstáculos y direcciones posibles. El suelo no es neutral: condiciona todo aquello que puede levantarse sobre él.
Desde una mirada más amplia, esta idea no pertenece solo al individuo. Toda persona nace dentro de un territorio previo: una lengua, una cultura, una historia, una estructura social, una forma heredada de comprender el mundo. Antes de elegir, ya existe un suelo. Antes de formular una identidad, ya hay límites, recorridos y construcciones que orientan la mirada.
La cuestión no consiste en escapar de ese suelo, sino en reconocerlo.
En la serie EMERSIO, la relación con el territorio cambia. Ya no se trata únicamente de aquello que sostiene, sino de aquello que comienza a aparecer. Las formas se separan del fondo, buscan una posición y entran en tensión con el espacio que las contiene.

Obra de la serie EMERSIO. Maurizio Valch.
En esta composición vertical, las grandes zonas cromáticas se enfrentan y se inclinan. Entre ellas aparecen pequeñas formas lineales, semejantes a puertas, marcos o señales. Su escala introduce una dimensión humana sin recurrir a la figura.
La serie EMERSIO trabaja con el momento en que algo deja de permanecer oculto. Puede tratarse de una forma, una consciencia, una contradicción o una posibilidad todavía frágil. Emerger no significa haber alcanzado una forma definitiva. Significa abandonar una condición anterior y quedar expuesto.
Por eso la aparición contiene riesgo. Aquello que emerge pierde la protección de lo indiferenciado. Debe ocupar un lugar, establecer una relación con lo que lo rodea y asumir las consecuencias de hacerse visible.
Esta tensión también puede trasladarse a la vida colectiva. Una sociedad cambia cuando ciertas experiencias, conflictos o voces dejan de permanecer bajo la superficie. Lo emergente altera la distribución del espacio. Obliga a revisar aquello que parecía estable y revela que todo orden contiene zonas excluidas, silenciadas o todavía no reconocidas.
La transformación no ocurre solamente cuando algo nuevo aparece. También sucede cuando el territorio anterior ya no puede seguir organizándose del mismo modo.
En la serie LIMINA, esa tensión llega al umbral. El espacio se vuelve más inestable, la materia adquiere mayor protagonismo y las divisiones pierden parte de su rigidez. Aparecen chorreados, marcas, interrupciones y formas que parecen estar entrando o saliendo de la superficie.

Obra de la serie LIMINA. Maurizio Valch.
Aquí, el territorio ya no puede entenderse únicamente como base. Está atravesado por capas, descensos, filtraciones y zonas de presión. Los bloques superiores, las pequeñas agrupaciones y las escaleras distribuidas en diferentes niveles introducen una sensación de tránsito continuo.
La palabra limina remite al umbral. Un umbral no es un lugar de llegada ni de partida, sino la zona incierta entre ambos. Allí, las categorías dejan de ser estables. Lo interior y lo exterior se contaminan. El pasado todavía actúa, pero el futuro no ha adquirido forma.
La serie LIMINA ocupa precisamente esa región. En ella, la pintura comienza a mostrar que toda estructura contiene fisuras y que toda transformación exige atravesar un periodo de indeterminación. No existe cambio profundo sin pérdida de orientación.
Este principio excede el ámbito personal. Las sociedades también atraviesan umbrales. Hay momentos en que las ideas heredadas dejan de responder a la realidad, pero todavía no existe un lenguaje capaz de sustituirlas. En esos periodos aumentan la tensión, el conflicto y la necesidad de elegir.
El umbral puede generar miedo porque obliga a abandonar formas conocidas de identidad y pertenencia. Pero también abre la posibilidad de responder de otro modo.
Entre la serie PRIMORDIUM, la serie EMERSIO y la serie LIMINA se construye un recorrido que va del suelo al surgimiento y del surgimiento a la transformación. No se trata de una evolución lineal ni de una sucesión cerrada. Cada serie conserva las preguntas de las anteriores.
El origen continúa actuando en aquello que emerge. Lo emergente desestabiliza el territorio. Y el umbral revela que ninguna estructura es definitiva.
En este recorrido, la consciencia no aparece como una iluminación separada del mundo. Surge dentro de las condiciones materiales, históricas y sociales que la han formado. Se vuelve posible cuando el individuo reconoce el suelo que habita, distingue aquello que comienza a emerger y acepta atravesar la incertidumbre del cambio.
El territorio, entonces, no es solo el lugar donde ocurre la transformación. Es también aquello que debe ser transformado.