FREQUENTIA, pintura abstracta vertical de Maurizio Valch: campos verde azulado, cobre y rojo separados por líneas incisas oblicuas, con cuatro pequeños bloques de color sobre una superficie estratificada.
FREQUENTIA, de Maurizio Valch, pertenece a la serie STRATA. Sobre una superficie trabajada, las franjas oblicuas y las líneas incisas organizan un territorio sin paisaje literal. Los bloques de color —rojo, naranja, turquesa y carmín— introducen pausas precisas entre el verde azulado y los cobres y rojos inferiores. 80 × 120 × 3 cm.

Obra publicada / STRATA

FREQUENTIA

STRATA · El tiempo sedimentado del territorio

Medidas
31.5 × 47.2 in / 80 × 120 cm
Serie
STRATA Serie pictórica STRATA 2026–Present · 14 obras La serie STRATA de Maurizio Valch presenta pintura abstracta contemporánea, una obra de arte con superficies estratificadas. Realizada con acrílico y óleo sobre lienzo, esta serie se distingue por sus densos campos cromáticos y sus profundas incisiones, que sugieren un territorio interior y arquetípico. Ver serie
Estudios de contexto
4

Nota conceptual

En FREQUENTIA, Maurizio Valch convierte el territorio en una estructura de recorridos, pausas y presencias aisladas. La obra pertenece a STRATA, serie en la que el paisaje deja de ser un lugar reconocible para funcionar como archivo interior de materia, pensamiento y experiencia sedimentada. Esta búsqueda se relaciona con una trayectoria marcada por los desplazamientos, los caminos y los lugares transitorios, aunque aquí no aparece un relato de viaje: solo un espacio sometido a divisiones, desplazamientos y permanencias. Los pequeños bloques de color parecen habitar ese territorio sin dominarlo, como formas que han adquirido peso sin clausurar su sentido.

La pieza abre una pregunta sobre la repetición y la dirección: ¿avanzan realmente esos trazos y planos, o permanecen recorriendo una misma zona? Las líneas incisas atraviesan la superficie como rutas incompletas, pero ninguna ofrece una salida evidente. La tensión surge entre el movimiento sugerido por las diagonales y la inmovilidad de las formas compactas; entre la posibilidad de tránsito y la sensación de que cada recorrido vuelve a quedar inscrito en la misma materia.

Su construcción territorial puede encontrar una afinidad crítica con Richard Diebenkorn, en la manera en que la abstracción conserva una memoria de paisaje mediante planos y distancias. Sin embargo, Valch sustituye aquella apertura por una organización más compacta, erosionada y estratificada. La superficie trabajada también dialoga con Antoni Tàpies, aunque aquí las incisiones no convierten el cuadro en muro o escritura: funcionan, sobre todo, como límites y rastros dentro de un territorio cromático propio.

La composición vertical se organiza en franjas oblicuas que descienden desde el verde azulado superior hacia los ocres, cobres y rojos de la parte inferior. Sobre esos campos densos, las hendiduras finas separan zonas sin producir una geometría rígida; conservan irregularidades, raspados y variaciones de piel. Cuatro bloques pequeños —rojo, naranja, turquesa y carmín— introducen interrupciones precisas y parecen medir la extensión desde dentro. Su escala contenida refuerza la quietud de una escena sin paisaje literal, mientras el contraste entre el frío profundo y la masa cálida sostiene la tensión entre distancia, materia y tránsito.

Influencias del artista

Su construcción territorial puede encontrar una afinidad crítica con Richard Diebenkorn, en la manera en que la abstracción conserva una memoria de paisaje mediante planos y distancias. Sin embargo, Valch sustituye aquella apertura por una organización más compacta, erosionada y estratificada. La superficie trabajada también dialoga con Antoni Tàpies, aunque aquí las incisiones no convierten el cuadro en muro o escritura: funcionan, sobre todo, como límites y rastros dentro de un territorio cromático propio.