CLATHRI (80 x 120 x 3 cm), acrílico y óleo sobre lienzo de Maurizio Valch. Detalle de la composición con tensiones cromáticas, líneas incisas y coordenadas amarillas.

Obra publicada / LIMINA

CLATHRI

De la serie LIMINA

Medidas
31.5 × 47.2 in / 80 × 120 cm
Serie
LIMINA Serie pictórica LIMINA 2025–Present · 3 obras En LIMINA, Maurizio Valch construye territorios de tránsito mediante planos superpuestos, horizontes contenidos, recintos inestables y formas suspendidas. La pintura sostiene una arquitectura elemental mientras filtraciones, chorreados e incisiones introducen una movilidad que impide toda orientación definitiva. Ver serie
Estudios de contexto
10

Nota conceptual

Movimiento I: El plano inferior (La noche cableada)

Frente a los 120 centímetros de altura de CLATHRI, el cuerpo del espectador no adopta una postura de contemplación pasiva; se sitúa ante un abismo vertical que presiona el pecho. En la base de la obra, donde los tonos se espesan en una amalgama de azul de Prusia y siena tostada, la materia parece emitir un zumbido sordo. Un cable de luz blanca y errática cruza esta penumbra, enhebrando tres cuadrados amarillos que flotan como boyas magnéticas o terminales de un circuito sumergido.

Johan Huizinga nos enseña que el juego requiere un espacio delimitado, un "círculo mágico" donde las leyes de la vida cotidiana quedan suspendidas para que florezca un nuevo orden de posibilidades. Para el historiador, este plano inferior es un tablero de juego en latencia, un territorio donde las coordenadas de la luz amarilla establecen las reglas de una partida secreta. ¿Cómo suena el roce de ese cable blanco contra el fondo áspero del cuadro? No es un sonido limpio; es la estática de un cable de alta tensión rozando la arena húmeda bajo un océano oscuro. El juego aquí es peligroso: si uno de estos cuadrados amarillos fuera un interruptor que, al apagarse, borrara el azul del lienzo, nos quedaríamos a solas con el peso ciego de la materia terrestre.

"Yo recuerdo el instante en que el pincel cargado de azul cobalto y de siena tostada buscaba rozar el lienzo, sintiendo el temblor en mi propia muñeca al trazar ese cable blanco que corta la penumbra. No buscaba una línea perfecta, sino registrar el pulso eléctrico de una duda física: la sospecha de que la materia acumulada en el borde inferior no es estática, sino una corriente que respira en la oscuridad del estudio."


Movimiento II: La barrera del Clathri (Las líneas de tiza)

Justo a la mitad de la vertical, el cuadro es tajado por una partitura de líneas horizontales, finas y pálidas. Es la rejilla, el clathri que da título a la obra, una estructura que parece flotar sobre la pintura sin llegar a fundirse con ella.

Alejandra Pizarnik se asoma a esta rejilla con la certeza de que el silencio no es la ausencia de sonido, sino una jaula de líneas finas que apenas nos protege de las bestias que habitan en la noche del lenguaje. Mientras Huizinga ve en esta cuadrícula el límite sagrado que ordena el caos y funda el rito, Pizarnik percibe una herida insalvable, un biombo de tiza que separa la infancia oscura de la madurez en llamas. Aquí, las inteligencias colisionan en una tensión silenciosa: para el primero, la barrera es la garantía del orden; para la segunda, es la clausura que nos condena a mirar el fuego desde el exilio. Esta rejilla horizontal plantea una sospecha incómoda: ¿es un escudo para que el abismo de abajo no contamine el cielo, o es una jaula que retiene algo demasiado violento en la mitad superior? El espectador queda atrapado en el centro, suspendido en el espacio en blanco entre dos reinos que se niegan a tocarse.


Movimiento III: La torre de fuego y la fuga celeste

Por encima de la aduana del clathri, la pintura se desboca. Una estructura arquitectónica y orgánica a la vez, pintada de un rojo bermellón lacerante y naranjas eléctricos, se yergue hacia el firmamento del lienzo. A su alrededor, el azul ya no es la sopa densa del plano inferior, sino un viento nocturno, veloz y cargado de trazos gestuales.

"Yo miro ahora la violencia de esa torre roja y descubro, con cierta zozobra, que se me ha escapado de las manos; mientras mis invitados discuten si las líneas blancas contienen el peligro o si son un tablero de juego, comprendo que el cuadro ha tomado una decisión autónoma que yo aún no descifro, pues ese fuego central no intenta huir de la rejilla, sino que la utiliza como un pedestal para no hundirse en la gravedad de la tierra."

¿De qué tiene miedo la estructura roja que se estira con tanta urgencia hacia la esquina superior izquierda? En esa zona, un único cuadrado amarillo, idéntico a los de abajo pero ahora aislado y desprovisto de cables, aguarda en silencio. Tal vez esa torre de fuego no sea un faro de advertencia ni una pira de destrucción, sino una criatura herida que intenta alcanzar el último reducto de luz pura antes de que la noche azul devore el espacio por completo. Al final, CLATHRI no ofrece una resolución: nos deja de pie ante sus 120 centímetros de tensión vertical, contemplando cómo el fuego se alimenta de una rejilla que nosotros mismos, con nuestra necesidad de poner orden al mundo, hemos dibujado.