Obra publicada / FACIES
ASPECTUS
Superficies de identidad
- Medidas
- 82.7 × 63 in / 210 × 160 cm
- Serie
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FACIES
Serie pictórica
FACIES
La serie «FACIES» de Maurizio Valch es una exploración de la pintura abstracta contemporánea de rostros. Estas obras, realizadas en acrílico y óleo sobre lienzo, presentan arte estructural de rostros fragmentados, donde la identidad emerge como una superficie cambiante, una coexistencia de formas, miradas y silencios. Ver serie
- Estudios de contexto
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Nota conceptual
La escala monumental de "ASPECTUS", con sus dimensiones de 210 por 160 centímetros, impone una presencia física que desborda la mera representación bidimensional para constituirse en un muro visual infranqueable. La composición presenta un rostro bifronte dominado por una violenta cicatriz vertical que fractura la fisonomía de forma simétrica pero conflictiva. A la izquierda, una mejilla sombría de tonalidades terrosas y verdosas evoca la densidad de la materia orgánica o de la roca húmeda; a la derecha, una palidez marmórea y gélida se erige bajo la severidad de un arco carmesí que corona la ceja como una marca de tensión contenida. Esta fractura formal remite directamente a los conceptos del Doble y de la Persona acuñados por el psiquiatra suizo Carl Gustav Jung, quien exploró las imágenes y estructuras profundas de la psique que reaparecen en distintas culturas de manera recurrente. A través de este prisma, la división de la pintura se ofrece no como una simple partición estética, sino como un dilema psicológico fundamental: nos interroga sobre si esa herida central actúa como un muro de contención destinado a mantener separadas las distintas facetas del ser, o si es el umbral inestable donde conviven dos fuerzas opuestas que se necesitan mutuamente pero que se niegan tajantemente a fusionarse.
Al enfrentarme al lienzo para construir este rostro, mi interés no radica en la mímesis ni en la complacencia del dibujo, sino en la acumulación y el peso del propio material pictórico. La densidad del óleo y la plasticidad del acrílico se convierten en las herramientas de una excavación donde cada trazo busca consolidar una arquitectura táctil sobre la superficie. La incisión central que divide la nariz no surge de un trazo de pincel calculadamente descriptivo, sino de una intervención tectónica, un corte seco que fractura el plano y expone el sustrato de la pintura. En mi serie «FACIES», concibo el rostro humano no como el vehículo de una psicología individual o sentimental, sino como un territorio brutalista, una geografía abrupta donde la espátula arrastra el pigmento para superponer estratos de materia. Cada capa acumulada funciona como el sedimento de una memoria mineral y prehistórica, una arqueología del gesto donde el color no decora, sino que solidifica la existencia de una estructura puramente física y pesada.
La fijeza de la mirada de "ASPECTUS", definida por dos grandes ojos de color ámbar, detiene la deriva contemplativa del espectador y lo obliga a un careo ineludible. Este estatismo severo y vigilante dialoga de manera tensa con el pensamiento del místico George Gurdjieff, quien cuestionó el automatismo de la vida cotidiana y propuso el "recuerdo de sí" como una vía de despertar de la inercia diaria. Cabe preguntarse si estas pupilas fijas capturan el instante preciso de una conciencia que despierta bruscamente en medio de su propio funcionamiento mecanicista, o si son la máscara rígida que la estructura social impone para sostener la ficción de una identidad coherente. Esta última interpretación resuena con la perspectiva de Osho sobre la represión colectiva; una tensión contenida que se hace visible en la base del lienzo, donde bloques geométricos de un azul denso y un rojo opaco ejercen una presión ascendente y constante, amenazando con desbordar y trizar la rigidez formal del rostro superior que intenta contenerlos.
Diseñé esos ojos ocre con la intención de que no funcionaran como la habitual ventana hacia una interioridad lírica, sino como volúmenes corpóreos que devuelven la mirada con la misma fuerza material con la que fueron pintados. La mirada aquí no es un reflejo transparente, sino una presencia física y volumétrica dentro del cuadro que interroga activamente el espacio que ocupa quien se detiene frente a él. En el proceso de trabajo, busco que la pintura se debata entre la quietud absoluta de la piedra y la amenaza latente de una transformación inminente, un derrumbe que está a punto de ocurrir pero que queda suspendido en el lienzo. El silencio que rodea a este rostro monumental es el mismo silencio despojado que encontré al recorrer los paisajes áridos del Mediterráneo, donde las formaciones rocosas y las piedras antiguas parecen observar el tránsito del tiempo con una indiferencia monumental e incorruptible.
En última instancia, "ASPECTUS" se inserta con fuerza en la memoria cultural de Europa, estableciendo un puente formal con las manifestaciones primigenias de la figuración peninsular y mediterránea. La rotundidad de sus volúmenes y la esquematización de sus rasgos remiten tanto a los relieves ibéricos esculpidos en piedra tallada como a las severas máscaras funerarias de la civilización micénica, artefactos concebidos no para retratar la individualidad de un sujeto, sino para fijar una presencia ante el tiempo y la muerte. Al renunciar deliberadamente a la representación realista y detallada, la pintura se transforma en un mapa de la fragmentación humana contemporánea. El cuadro deja de ser una ventana para convertirse en un espejo quebrado donde el observador no halla la efigie de un extraño, sino la colisión inevitable de sus propias identidades divididas, recordándole que la unidad del ser es apenas una ilusión sostenida sobre una grieta insalvable.