Pintura abstracta de Maurizio Valch titulada 'A Theory of Light and Shadows' instalada en la pared de hormigón visto de un pasillo minimalista bajo una claraboya.
La obra de gran formato expuesta en un entorno de arquitectura brutalista resalta el peso geológico de sus campos cromáticos y la precisión física de la incisión.

Estudio de contexto / A THEORY OF LIGHT AND SHADOWS

A Theory of Light and Shadows - Maurizio Valch | Obra Original

La materia pictórica se comporta a menudo como un acumulador geológico. Antes de que el ojo intente descifrar una organización del espacio, se enfrenta a la sedimentación del peso: un cielo denso, de un rojo sulfuroso, que no parece expandirse hacia el infinito, sino presionar con la fuerza de un bloque físico sobre el territorio inferior. En "A THEORY OF LIGHT AND SHADOWS", la pintura se divide mediante una frontera nítida, un plano de corte que separa la atmósfera encendida de una penumbra verdosa y opaca. Tradicionalmente, la luz se entiende como una proyección descendente, una claridad que baña los objetos desde arriba y proyecta sus siluetas sobre el suelo. Sin embargo, en esta superficie el orden físico se invierte. El verdadero foco emisor no habita en la altitud del rojo, sino que yace sepultado en el estrato inferior, latiendo bajo la tierra como un núcleo de amarillo y azul cobalto que empuja desde el subsuelo, buscando un resquicio para filtrarse hacia la superficie.

Mi pintura nace del territorio entendido no solo como paisaje, sino como superficie de origen, memoria y transformación. Al enfrentarme a este lienzo, busqué que la tensión se resolviera en la fricción misma de los materiales, acumulando capas de óleo y acrílico mediante sucesivas superposiciones que luego debía desgastar o herir. La fina incisión que recorre el cuadro de lado a lado no es un trazo añadido para decorar o delimitar un horizonte; es un corte físico en el pigmento, una hendidura que penetra la materia y permanece allí como una huella real de separación. Al arrastrar la herramienta sobre el empaste húmedo, abrí ese canal estrecho, una grieta que actúa como un umbral donde las fuerzas del cuadro se encuentran y se resisten a mezclarse. No busco ilustrar un mapa ni explicar una geografía interior; busco que el gesto de cortar la pintura sostenga el peso de esa división.

Sobre ese umbral, alineadas a lo largo de la incisión, reposan pequeñas estructuras cuadrangulares que evocan la sobriedad de unas arquitecturas mínimas, apenas unos signos suspendidos en un limbo suspendido. Recuerdan a las unidades de escala con las que Paul Klee tanteaba el equilibrio del espacio, o a los laberintos lógicos de Jorge Luis Borges, donde la geometría es el único método para contener el caos del universo. En Elogio de la sombra, Borges sugiere que la penumbra no es la mera ausencia de luz, sino una sustancia densa que custodia un secreto, un soporte necesario para que el pensamiento y la memoria no se desvanezcan bajo una claridad excesiva. En esta obra, las formas rectangulares actúan como centinelas de esa frontera, límites lógicos establecidos sobre la grieta para medir la presión de la luz subterránea que empuja desde abajo. La sombra aquí no oculta; sostiene y protege el destello que la habita.

El proceso me obligó a cambiar de rumbo cuando la densidad del cuadrante inferior comenzó a desestabilizarse. Al principio, concebía la zona baja como un territorio de absoluta quietud, un contrapeso oscuro destinado a recibir el peso del gran bloque rojo superior. Pero el color tiene sus propias demandas en el taller y, al aplicar las veladuras de verde, el núcleo amarillo y azul empezó a reclamar su propio espacio con una insistencia física que yo no había previsto. No pude sepultarlo del todo. Cada intento de cubrirlo con espátula solo aumentaba su vibración bajo la superficie, como si la materia recordara lo que estaba abajo y demandara que ese brillo geológico permaneciera activo, presionando contra el límite de la incisión. Tuve que ceder ante esa resistencia, permitiendo que la espátula y el raspado revelaran la presencia de esa luz atrapada, transformando lo que iba a ser una sombra pasiva en una fuerza latente que sostiene todo el cuadro.

Al final, "A THEORY OF LIGHT AND SHADOWS" propone una física alternativa donde el conocimiento no se alcanza por la transparencia, sino por la resistencia de los estratos. La pintura no desvela el misterio de lo que está oculto en el subsuelo, ni pretende clarificar la naturaleza de esa energía que brilla bajo el verde; se limita a otorgarle una existencia visual, una consistencia material que el espectador puede constatar a través de la densidad del pigmento y la profundidad del corte. Entre la tormenta roja del cielo y la pulsación azul y amarilla del fondo, la pequeña línea de signos geométricos permanece como un testimonio de nuestra necesidad de ordenar el mundo, de trazar fronteras y umbrales sobre un fondo cuya verdadera profundidad siempre se nos escapa.

Obra original
A THEORY OF LIGHT AND SHADOWS
Medidas reales
31.5 × 47.2 in / 80 × 120 cm
Presentación
Visualización contextual digital

Referencias de contexto

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Sobre esta visualización

Esta visualización sitúa la obra dentro de un contexto arquitectónico para ayudar a coleccionistas y público a imaginar su presencia en un espacio real. Es una referencia interpretativa, no una reproducción exacta: la obra original es la única autoridad sobre la escala, el color, la superficie y la presencia material.